Las primeras cofradías y hermandades

Las posiciones de la Reforma y las conclusiones trentinas dieron lugar a la aparición durante el siglo XVI de numerosas agrupaciones de fieles que, organizada en cofradías y hermandades, tenían por objeto la pública manifestación de fe y el culto popular con fines de difusión de la doctrina católica.

Granada, que hasta el año 1492 había sido tierra dominada por el Islam, carecía de una historia eclesiástica cercana, lo que imprimió mayor empuje si cabe al movimiento creador de estas agrupaciones de fieles entorno a determinadas imágenes religiosas. Como se ha dicho por prestigiosos estudiosos “Granada era en aquellos momentos una ciudad necesitada de creer y de demostrar su fe”.

 

Fueron varias las primeras hermandades penitenciales de nuestra ciudad que tuvieron su origen en los momentos inmediatamente posteriores a la conquista, como la de la Cruz de Santa Elena. Sin embargo, no va a ser hasta después de 1540 cuando surjan las primeras cofradías de fieles a semejanza de las que hoy conocemos. Entre 1540 y 1545, como en la mayoría de las ciudades andaluzas, fue fundada la hermandad de la Vera Cruz, que procesionaba el Jueves Santo desde el convento de San Francisco y que irradió a sus contemporáneas la forma de realizar su estación de penitencia. Del año 1545 datan los estatutos de la hermandad de la Virgen de las Angustias y Transfixión de Nuestra Señora y Santas Úrsula y Susana que procesionaba desde la ermita de las santas, situada extramuros de la ciudad en el Humilladero de San Sebastián el Jueves Santo, la cual sería origen de la actual Cofradía de la Virgen de las Angustias. Mediado ya el siglo XVI fueron creadas otras importantes hermandades como las de Nuestra Señora de la Soledad y Entierro de Cristo que procesionaba en la tarde del Viernes Santo desde el convento de Santa María de la Cabeza o la del Santo Crucifijo, Sangre de Cristo, Benditas Ánimas del Purgatorio y Santo Domingo que se transformó en hermandad de sangre en 1575 y que procesionaba en la tarde del Jueves Santo desde el convento de Santa Cruz la Real. La Sagrada Pasión de Cristo fundada algo más tarde en el monasterio de la Trinidad, salía el Viernes Santo por la mañana y antecedía a una de las que gozaron de mayor seguimiento de fieles, la cofradía de la Santa Inspiración de Jesucristo y San Nicolás de Tolentino que, fundada en el convento de San Agustín, procesionaba el Viernes Santo por la tarde.

 

Contemporáneas de las anteriores pueden citarse toda otra serie de cofradías notables, como la de la Santa Humildad y Paciencia de Jesucristo fundada en el convento de frailes mínimos de San Francisco de Nuestra Señora de la Victoria, que realizaba su pública manifestación de fe el Miércoles Santo, la de la Sangre de Jesucristo que salía el Jueves Santo y la Oración en el Huerto de los Olivos y Señor San Antón, erigida en la ermita de San Antón el viejo, que salía el Miércoles Santo. Especial mención merece por su peculiar forma de procesionar la cofradía de la Cruz de Santa Elena y Jesús Nazareno, fundada en el convento de los Mártires por San Juan de la Cruz, que desfilaba en la madrugada del Viernes Santo.

 

La Hermandad del Santo Entierro de Jesucristo y Nuestra Señora de las Tres Necesidades fue fundada en 1616, algo más tardíamente que las anteriores, en la parroquia de Santiago y fue destacable por combinar la dramatización del misterio con la estación penitencial. También existió en Granada una de las pocas hermandades étnicas de Andalucía Oriental, la hermandad de Nuestra Señora de la Encarnación y Paciencia de Jesucristo, fundada alrededor de los años 70 del siglo XVI por negros y mulatos. Esta hermandad tuvo una vida muy corta, pues fue suspendida por la autoridad eclesiástica en 1597 debido a los muchos “escándalos” que la misma propiciaba. De su patrimonio todavía se conserva en el convento de la Encarnación una magnífica imagen de San Benedicto, obra del escultor José de Mora.

 

Durante los siglos posteriores fueron varias las cofradías que aparecieron en la vida religiosa de Granada, destacando especialmente la del Santo Crucifijo de San Agustín, fundada en 1680 en el convento de Agustinos Calzados (casa Grande), que sin interrupción ha llegado hasta nuestros días.

 

VÍA CRUCIS POR GRANADA

 

Tras lA rendición de Granada en 1492, la ciudad se lanzó de un modo casi frenético a afirmar frente al mundo entero su nueva identidad religiosa. Las más variadas manifestaciones de fe predominaban por todos los templos y espacios granadinos. Ello, unido a las conclusiones del Concilio de Trento, hizo proliferar numerosos itinerarios por calles y santuarios que durante la Cuaresma trataban de emular el recorrido de Jesús hasta el monte Calvario: “los famosos vía crucis”.

 

En las fechas de Cuaresma próximas a la Semana Santa, nuestras calles se llenan de olores a incienso y cera casi por todos sus rincones. Fragancias que en nuestra pituitaria evocan momentos y delicias de un ayer que se renueva mágicamente año tras año al llegar a estas calendas dominadas en parte por el invierno y rematadas por el estallido de la primavera. Tiempos atrás en los que la semana mayor granadina era vivida con recogimiento monacal y con sobriedad castellana entorno a solitarios desfiles que transitaban por las vericuetas calles de la ciudad. Cuaresmas recogidas alrededor de la mesa de camilla adornada con pestiños, roscos fritos y tortas de ajonjolí, precedidos el Viernes Santo de los tradicionales potajes de garbanzos y bacalao, hechos por las diestras manos de la costumbre, para aquellos que no optaban por el ayuno o la colación.

 

De modo contrario a lo que popularmente se cree, la Cuaresma no es una fiesta de recogimiento, al menos en nuestra tierra andaluza, donde siempre todo se torna distinto debido a nuestra peculiar forma de manifestarnos en los ritos, lo que sin perjuicio del debido ensimismamiento litúrgico ha hecho de la misma una época para el disfrute de arraigadas tradiciones. Un tiempo que se inicia en Granada, realmente más, con el sabor de los últimos mantecados y, aunque debería terminar culturalmente con las campanillas de los oficios del Sábado Santo, se prolonga más allá de lo debido dejando resonar en la Sabika las últimas saetas, ya en Pascua de Resurrección.

 

Pero Cuaresma es en Granada también sinónimo popular de vía crucis, de caminos a la cruz que, tratando de emular el tránsito de Jesús de Nazaret hasta el Gólgota; se hicieron por las gentes de Granada en busca de los particulares calvarios de esta tierra pina y escarpada. Así, necesitada de probar su adhesión al cristianismo, la ciudad se pobló tras la Conquista de numerosos recorridos de pasión, que hacían sus catorce estaciones de penitencia no sólo en el interior de los templos sino también por esos, nunca mejor dicho, “caminos de Dios”. Los más famosos fueron los que llegaron a la ermita de San Antón el Viejo y la capilla de Santo Sepulcro en los Rebites, en el que sus estaciones fueron fijadas aprovechando algunos de los muchos morabitos que en esta zona de la margen izquierda del Genil quedaron de tiempo de moros, de los que ninguno se conserva hoy; también el que discurrió desde San Juan de Letrán hasta la ermita de San Isidro por las Eras de Cristo; el que partiendo desde el convento de la Merced, haciendo estación de penitencia en San Ildefonso y la ermita del Cristo de la Yedra, llegaba hasta Cartuja; y aquellos otros muy devocionales que discurrieron por el camino de San Antonio hasta el convento de San Diego o en la loma del Ahabul en las proximidades del convento de los Mártires.

 

Pero los más significados fueron sin duda los que transitaron por las callejas y plazas del Albayzin y los barrancos del Sacromonte, de los que quedan vestigios muy patentes que en nuestros días invitan a pasear en su busca. Un primer recorrido puede hacerse desde El Salvador, buscando por las calles de Panaderos y Larga de San Cristobal, la plaza de San Bartolomé, en la que hallaremos la Cruz monumental allí erigida primitivamente por los sederos y labradores de las parroquias aledañas, segunda de las estaciones de penitencia en nuestro vía crucis albaicinero. A renglón seguido encaminaremos nuestros pasos por las calles de Carniceros y San Gregorio Alta hasta la portada de la iglesia de San Gregorio Magno ante la que encontraremos la siguiente estación, una bellísima y solitaria Cruz que pasa casi desapercibida. A continuación, en la antigua explanada del Campo de los Almendros hallaremos la Cruz de Piedra, la próxima estación, desde la que buscaremos luego, en la última etapa, las alturas del Cerro del Aceituno y la ermita del arcángel San Miguel donde finalizará nuestro calvario con una panorámica sublime de Granada, ante la que es obligado recordar, que fue la celebración de este vía crucis, el día 6 de abril de 1917, el origen de nuestra actual Semana Santa.

 

Ver apartados en Pestaña de Semana Santa

 

1.- Cristo de San Agustín

2.- El Silencio

3.- Los Gitanos

4.-Los Favores

5. La Chía

6.- La Virgen de la Alhambra

7.- Los Facundillos