rostro Virgen Guadalupe

Entre las fiestas celebérrimas de los antiguos romanos está la del dios Jano, celebrándola el primero día del año que ahora es en el mes de enero; porque los hebreos comenzaban su año en principio de marzo y los romanos el año nuevo.



E
l primero día de enero” (Antonio de Guevara, “Reloj de Príncipes”).

Es sabido que el Año Nuevo no se celebra en la misma fecha entre la diferentes culturas. Para más información, ver el artículo "Significado del Calendario"
. Ni siquiera en la cultura occidental coincide siempre el Año Nuevo con enero.

Como ejemplo, los antiguos atenienses usaron un calendario lunar, basado en los ciclos de la luna. El año ateniense comenzaba en el día de la Luna Nueva siguiente al solsticio de verano (mes de Hecatombaion). El mes que corresponde a enero era Gamelion, el séptimo mes del año para ellos.

En cualquier caso, el día de Año Nuevo no era un día de fiesta para los antiguos griegos. Lo que era importante era el primer día de cada mes.

Este primer día del mes se llamaba Noumenia, o “día de la Luna Nueva”. En Atenas se celebraba como día de mercado, para celebrar banquetes, acontecimientos atléticos y ofrendas en los templos.

El mes de Gamelion significaba “mes del matrimonio” y deriva de una pequeña fiesta poco conocida llamada “Gamelia”, dedicada a Zeus y Hera.

Referimos a continuación unos interesantes extractos del clásico de Ovidio “Fastos”, que relata una conversación entre este y Jano, el cual posteriormente, la narra a Germánico.

“Motivo por el que el Año se Inicia en Invierno:
Fijando la vista en tierra le dirigí estas breves palabras: 'Ea, dime, ¿por qué el año nuevo comienza en la estación fría, cuando debía mejor comenzar en la primavera? Esa es la estación en que todo florece, el momento en que la vida del año se renueva.

En el sarmiento fecundo se hincha la yema nueva, y el árbol se cubre ya de renacido follaje; el trigo en hierba asoma a la superficie del suelo, los pájaros alegran con sus trinos el tibio aire, y en los prados el rebaño retoza y manifiesta sus ardores.

Entonces son blandos los rayos del sol y la golondrina extranjera aparece y construye bajo el alto alero su morada de barro. Entonces el campo se somete al cultivo y es renovado por la reja. Con toda justicia esta estación debió de recibir el nombre de Año Nuevo'.

Le había formulado yo mi pregunta con muchas palabras; con pocas él, sin perder el tiempo, encerró su respuesta en dos versos: 'El solsticio de invierno es el primer día del sol nuevo y el último del viejo': Febo (el Sol) y el año inician su salida desde el mismo punto.

Todos los Comienzos Ofrecen un Presagio:
Después de estas palabras me preguntaba yo admirado la razón por la que el primer día del año no estaba libre de procesos jurídicos.

'Escucha el motivo -dice Jano-. El año que se inicia lo he ligado a los trabajos que deben realizarse, con el fin de que el año entero no sea perezoso por un auspicio de pereza. Por esto mismo, cada uno estrena su oficio realizando algo, y simplemente testimonia cuál es su trabajo habitual'.

A continuación pregunté: '¿Por qué cuando trato de propiciarme a cualquiera otra de las divinidades es a ti, Jano, a quien primero ofrezco el incienso y el vino?'

'Es -me dice- para que a través de mí, que guardo los umbrales, puedas tener acceso a los dioses a los que te diriges (efectivamente, en los sacrificios e invocaciones la plegaria comenzaba dirigiéndose primeramente a Jano, aunque la ceremonia estuviera destinada a otra divinidad)'.

'Pero, ¿por qué en tus calendas (primer día del mes) se pronuncian palabras felices, y expresamos y recibimos mutuamente buenos deseos?' Entonces el dios, apoyándose en el bastón que llevaba en su mano derecha, me responde:

'Los presagios suelen encontrarse en los comienzos. Es a la primera palabra a la que volvéis vuestros tímidos oídos, y es el ave vista en primer lugar la que consulta el augur. Este primer día los templos y los oídos de los dioses están abiertos; ninguna lengua pronuncia palabras inútiles, y las palabras tienen todo su peso'.

Los Aguinaldos:
Jano había callado, y yo no guardé un largo silencio, sino que cubriendo con mis palabras sus palabras últimas, dije: '¿Qué quieren significar los dátiles, los arrugados higos y la miel que se ofrece encerrada en una nívea jarra (dátiles, higos y miel, no son más que tres ejemplos de regalos de comienzo de año.

Estos regalos se conocían con el nombre de strenae, y su finalidad era la de proporcionar un buen augurio. Los tres regalos que menciona Ovidio son dulces, con objeto de presagiar un año -dulce- como ellos)?'

'Los presagios son la explicación -me dijo-; se hace con el fin de que aquel sabor vaya detrás de los acontecimientos y un año dulce prosiga el camino emprendido'.

'Ya veo por qué se ofrecen cosas dulces; pero para que ninguna particularidad de tu fiesta se me escape explícame el significado de que se regalen monedas (el regalar monedas el 1 de enero tenía también como finalidad proporcionar un presagio de riqueza)'.

El se echó a reír y me dijo:
'¡Qué poco conoces tu siglo cuando crees que la miel resulta más dulce que una moneda que se recibe' (el tema del ansia de riqueza era un lugar común frecuentemente abordado por moralistas y rétores.

Lo mismo puede decirse sobre la mítica edad de oro -en tiempos en que reinaba Saturno- y los humildes comienzos de Roma -a lo que el propio Ovidio se referirá más de una vez en los Fastos-)!

Yo mismo, durante el reinado de Saturno, a duras penas podía encontrar a alguien a cuyo corazón no le pareciera sabrosa la riqueza.

Con el tiempo se ha acrecentado el ansia de poseer, que hoy está en su punto culminante: difícilmente tiene medios para avanzar más allá.
Las riquezas son hoy día más estimadas que en épocas primitivas, cuando el pueblo era pobre, cuando Roma estaba recién fundada, cuando una pequeña cabaña bastaba para albergar a Quirino (Quirino es el nombre que recibió Rómulo después de su muerte y divinización), hijo de Marte, y los juncos del río le proporcionaban un exiguo lecho.

Júpiter apenas podía ponerse completamente en pie en su reducido templo, y el rayo que mantenía en su mano derecha era de arcilla. Adornaban con ramas el Capitolio que embellecen hoy día con piedras preciosas; los propios senadores apacentaban sus ovejas; no se sentía vergüenza de disfrutar de un apacible reposo sobre la paja, ni de reclinar la cabeza sobre un montón de heno.

El pretor solamente dejaba el arado para administrar justicia al pueblo; y poseer la más ligera pieza de plata era considerado un delito.

Pero después de que la Fortuna de este lugar levantó la cabeza y Roma tocó con su elevada frente a los dioses del cielo, aumentaron las riquezas y el desenfrenado deseo de las mismas; y aunque se posean muchísimas, muchas más son las que se ambicionan.

Rivalizan en acumular riqueza para despilfarrarla y en volver a ganar lo despilfarrado, y esa misma alternativa es un incentivo para los vicios.

Como a quienes se les hincha el vientre con la hidropesía, y cuanta más agua beben, más sedientos están (la comparación de un avaro con un hidrópico parece haber sido corriente en algunas escuelas filosóficas, como la cínica y la estoica).

Hoy día el dinero es lo único que cuenta: la fortuna es la que otorga los honores, la fortuna es la que hace amistades; el pobre es olvidado en cualquier lugar.

¿Y tú preguntas si una moneda proporciona un auspicio válido y por qué las viejas piezas de bronce producen placer a vuestras manos? Antaño eran monedas de bronce lo que se regalaba; hoy día el mejor presagio se encuentra en el oro, y la antigua moneda, vencida, ha cedido su puesto a la nueva.

También a nosotros nos agradan los templos de oro, aunque no rechacemos los antiguos: esta majestad es la que corresponde a un dios.

Alabamos el pasado, pero vivimos de acuerdo con
nuestro tiempo; a pesar de todo, una y otra costumbre son igualmente dignas de ser seguidas".

Invocación a Jano. Su fiesta del 1 de Enero:
Mira, Germánico, cómo Jano -el primero que aparece en mi poema- te anuncia un año feliz.

"¡Oh bifronte Jano, comienzo del año que silenciosamente se desliza, el único de los dioses que puede contemplar su propia espalda: muéstrate propicio a los jefes por cuyo afán la tierra feraz y el mar gozan de una paz segura!

¡Muéstrate propicio a tus senadores y al pueblo de Quirino, y a una señal de tu cabeza abre los templos de resplandeciente blancura! Un feliz día se levanta: guardaos de toda palabra o pensamiento de mal augurio. En este día favorable sólo palabras favorables deben pronunciarse.

Que los oídos se vean libres del ruido de los pleitos; aléjense al punto las insensatas querellas; y tú, lengua envidiosa, suspende tu tarea. ¿Veis cómo el cielo resplandece de olorosos fuegos, y el azafrán de Cilicia chisporrotea en los hogares encendidos?

Con su fulgor, la llama golpea el oro de los templos y esparce su temblorosa claridad por la techumbre del santuario. Con inmaculados vestidos se emprende la marcha hacia la colina Tarpeya.

(Se trata de la procesión que desfila hacia el Capitolio con motivo de la toma de posesión de los nuevos cónsules. El comienzo de la nueva magistratura se fijó el 1 de enero a partir del 153 a. de J.C. Según Varrón, el primitivo nombre del Capitolio era el de Tarpeius.

En aquel lugar se situaba el escenario de los acontecimientos que encuadran la leyenda de Tarpeya), y el pueblo mismo ostenta el color apropiado a esta festividad.

Nuevas fasces abren la marcha, la nueva púrpura resplandece, y la silla de marfil (la silla curul, característica de la más alta magistratura romana), centro de todas las miradas, siente sobre sí un nuevo peso.

Cuando desde su ciudadela (La ciudadela es el templo que Júpiter poseía en el Capitolio, no el Olimpo) tienda su mirada sobre el mundo entero no hallará nada que contemplar que no sea romano.

¡Salud, dichoso día; retorna siempre más dichoso aún y digno de ser celebrado por un pueblo dueño del mundo!"

Naturaleza de Jano. Sus Funciones:
Pero, ¿qué dios diré que eres tú, Jano de doble forma? (Jano es representado con una cabeza de doble rostro, cada uno de ellos mirando en dirección opuesta).

Porque Grecia no posee divinidad alguna equiparable a ti. Explícame el motivo de por qué entre los dioses eres el único que ve lo que está a tu espalda y lo que tienes delante de ti. Cuando yo, tablillas en mano, estaba dándole vueltas a estos pensamientos, mi morada me pareció más luminosa que lo que antes era.

Entonces el divino Jano, asombroso con su imagen de doble cabeza, ofreció de improviso a mis ojos su doble rostro. Quedé espantado y sentí que mis cabellos se erizaban a causa del terror, y mi corazón experimentó un frío repentino.

Él, sosteniendo un bastón en su mano derecha y una llave en su izquierda (Jano se presenta con los dos atributos característicos de los porteros: la llave y el bastón empleado para alejar de la puerta a las personas indeseables), me dirigió estas palabras con la primera de sus bocas:

"Laborioso cantor de los días, dejando a un lado tu temor, conoce lo que deseas saber y escucha mis palabras.

Escucha la otra causa de esta fisonomía por la que preguntas, para que conozcas al mismo tiempo esta y mi función.

Todo cuanto por doquier contemplas -cielo, mar, nubes, tierras- es cerrado y abierto por mi mano. Únicamente a mí se me ha confiado la custodia del vasto mundo, y mío es todo el derecho de hacer girar los goznes de las puertas.

Cuando me place dejar salir a la Paz de su apacible morada, esta transita en libertad por caminos libres de obstáculos; el mundo entero se confundiría en una matanza sangrienta, si sólidos cerrojos no retuvieran a las guerras aprisionadas.

En compañía de las dulces Horas guardo las puertas del cielo (en Homero las Horas son las guardianas de las puertas del Olimpo. La concepción de Jano como portero del cielo lleva incluso a confundirlo con el Sol): el propio Júpiter sale o entra gracias a mí. De aquí que reciba el nombre de Jano.

Te he explicado mi carácter esencial; escucha ahora el motivo de mi fisonomía, aunque ya lo conoces en parte. Toda puerta tiene dos caras, una a un lado, otra al otro.

De ellas, una mira a la gente de la calle, y la otra al Lar (es decir, el interior de la casa, concretada en lo más característico de ella: el fuego del hogar en el que se veneraba el Lar familiaris).

Del mismo modo que vuestro portero, sentado junto al umbral de la casa, ve las entradas y las salidas, así yo, portero de la corte celestial, observo al mismo tiempo el oriente y el poniente.

Ya ves los rostros de Hécate (Hécate es la diosa de las encrucijadas. De ahí su epíteto frecuente de Trivia. Identificada con Artemis-Diana, suele representársela con triple faz) vueltos hacia tres direcciones para guardar las encrucijadas bifurcadas hacia tres caminos.

También a mí, para no perder el tiempo volviendo la cabeza, me es posible mirar en dos direcciones sin mover el cuerpo".

(Los antiguos dieron muy diferentes interpretaciones al doble rostro de Jano. La más frecuente es la que ve en Jano un rey (o un dios) omnisciente, conocedor del pasado y del futuro).

Fuentes: Los “Fastos” de Ovido y http://www.antonineimperium.org

"El pasado es cantera de experiencias más que un modelo inamovible". -Jorge Ángel Livraga-