220px-Arnaldus de VillanovaSU VIDA (1238-1311)

Como ocurre con tantos otros hombres famosos, se ha discutido largo tiempo su lugar de nacimiento que disputan milaneses, provenzales y catalanes. Gracias al historiador alemán Finke, finalmente se estableció su origen catalán por su familia, y valenciano por su lugar de nacimiento.

Era de extracción humilde, pero su relevancia como médico fue tan grande que se le reconoce como el más famoso de su época, contándose entre sus pacientes y amistades a los Reyes de Aragón, Sicilia, Francia y Nápoles y los Papas Bonifacio VIII, Benedicto XI y Clemente V. Sus servicios eran solicitados por monarcas tan conocidos como Pedro el Grande, Alfonso el Liberal y Jaime II de Aragón, Federico II de Sicilia y Roberto de Nápoles; Felipe el Hermoso de Francia lo requería no sólo como médico sino también como asesor político y personal.

En su ciudad natal aprendió el árabe, lo que le dio acceso al estudio directo de los sabios musulmanes como el Maestro Avicena.

Del orientalista Ramón Martí aprendió el hebreo, lo que le abrió amplias posibilidades en los estudios bíblicos, rabínicos y talmúdicos. Estudió medicina en Montpellier, París y Nápoles. Fue profesor de medicina en la Universidad de Montpellier, donde escribió algunas de sus obras más famosas, como Las Parábolas.

Su saber médico es catalogado como de “galenismo arabizado”, sin considerársele oficialmente innovador, lo que contrasta con su enorme fama profesional unida a un misticismo extraordinario. Sus disputas teológicas con los dominicos constituyeron un gran escándalo y se salvó de la Inquisición gracias a sus grandes relaciones con los monarcas europeos y pontífices de la época, que le brindaron su protección y amistad.

Nos parece particularmente destacable su relación con el no menos famoso Raimundo Lulio, el que, según todos los indicios, fue Maestro en Alquimia, Raimundo Lulio salió a su encuentro en Génova, en otoño de 1308 pero como Arnaldo se había ausentado de Génova, se encontraron finalmente en Marsella.

 

OBRAS

Entres sus obras se conservan más de sesenta catalogadas como médicas y químicas, prescindiendo de las teológicas. Mencionamos como ejemplos: ¿Cómo se debe proceder para obtener la piedra filosofal?, y un Tratado de los sueños, donde pretende demostrar que los sueños contienen advertencias que nos vienen de Dios por intermedio de las constelaciones celestes.

Otra obra de extremo interés es La introducción a la astrología para los médicos, donde expresa parte de sus profundos conocimientos acerca de las relaciones entre astronomía, astrología y medicina, y condena a los poco versados en astrología que administran los medicamentos sin tener en cuenta la conjunción de los astros.

En el Novum Lumen trata de la descomposición de los metales y de la piedra filosofal.

En los Sigilla menciona doce sellos que, fabricados bajo determinadas influencias astronómicas, tienen la propiedad de preservar cuerpo y alma de los malos influjos. Estos talismanes de fabricación especial tenían fama de contar entre sus virtudes la de poner en fuga los demonios, preservar de las tempestades, del rayo, de la peste, de las enfermedades de los ojos, reumatismos, cefaleas, etc. El oro y la plata de cada sello debían fundirse en el momento en que el sol entraba en el signo zodiacal correspondiente.

Se podrían mencionar decenas de obras y opúsculos interesantísimos, desde su mismo título a múltiples detalles significativos, que son suficientes para colocar a su autor a la altura de los más grandes Maestros alquimistas y sabios en la Magna Ciencia desde que se apagaron los grandes fuegos de los misterios egipcios hasta nuestros días.

 

PARÁBOLAS DE MEDITACIÓN

Tras este resumen biográfico, queremos destacar y comentar algunas de las “Parábolas de Meditación”, más conocidas entre los médicos con el título de “Reglas generales o Cánones generales de curación de las enfermedades”.

       1.- REGLAS QUE PREPARAN EL ÁNIMO PARA OPERAR ÚTILMENTE

 

  • TODA MEDICINA PROCEDE DEL SUMO BIEN: El Señor del Cielo creó la Medicina y el varón prudente no la desdeñará. Todo don perfecto y donación óptima proceden de arriba, del Padre de las Luces y además la Medicina es buena porque se ordena a buen fin y se refiere a buen sujeto, es decir, al cuerpo humano en cuanto sanaba.

 

  • QUIEN NO PARA SABER, SINO PARA LUCRARSE APRENDE, HÁCESE ABORTIVO CONTRA LA FACULTAD QUE ELIGE: Quien aprende para lucrarse y no para saber es parido imperfecto, porque es parido para fin imperfecto. El fin perfecto de cualquier facultad es el conocimiento del CRIADOR. En tanto que el lucro, principalmente de las cosas mundanas, impide el conocimiento Supremo del Criador y se compara a las espinas.

La Ciencia, en general, y con mayor motivo la ciencia médica, debe ser amada desinteresadamente. El hombre de ciencia estudia y trabaja por el noble placer de aprender y compartir lo aprendido. Si lo hiciera sólo por ganar dinero y honores se convertiría en un despreciable charlatán.

El que a muchas cosas se aplica o se dedica, menor atención pone en cada una. Nuestro entendimiento es potencia simple y no puede aprender muchas cosas a la vez. Así, pues, si atiende demasiado a las cuestiones temporales, aprenderá imperfectamente las cuestiones del alma, llegando a ser no sólo un inútil para ellas, sino también nocivo.

 

  • EL ÁNIMO VAGO Y PRISIONERO DE LOS PLACERES MANCHA CON ESTERILIDAD LA PERICIA DEL ARTE.

Los frutos del alma son las buenas obras y los buenos pensamientos. En el mismo espíritu de la parábola anterior. Arnaldo de Vilanova se revela fiel discípulo de Hipócrates y de los grandes maestros de la medicina.

Quien anhela conseguir ventajas terrenales en la práctica médica es, como médico, un ser inútil, y en la mayoría de los casos, perjudicial. El científico, el médico, en definitiva el hombre estudioso, no puede malgastar su vida en los placeres. Nuestra energía vital tiene una cantidad limitada; sí se gasta en un sentido no puede utilizarse en otro sentido diferente. Además, como diría más tarde Ramón y Cajal: “Para llevar a cabo un trabajo serio, tenemos que polarizar nuestra energía nerviosa en una determinada dirección; cuando nos distraemos, esta polarización desaparece y tenemos que producirla de nuevo cada vez que queremos volver a trabajar. Por eso, y salvo en casos verdaderamente excepcionales, el hombre divertido, alegre y placentero no puede ser científicamente eficaz”.

 

  • TODO MOVIMIENTO DEL ÁNIMO O APETITO DESORDENADO LACERA LA MENTE DEL OPERANTE E IMPIDE LA OBRA RECTA: El apetito ordenado hierve a favor del culto de Dios o en bien del prójimo, en tanto que el apetito desordenado tiende a aquellas cosas que normalmente son contra Dios y el prójimo. Luego la mente que tiene tal apetito es lacerada por él e impide la obra recta.

Igual que en el caso anterior, podemos precisar que si el médico, en el momento en que tiene que actuar, tiene su espíritu distraído por diversos placeres, no puede concentrar su inteligencia en el problema que está obligado a resolver y lo resolverá mal, hecho que en ocasiones puede ser gravísimo al depender de ello la vida de un ser humano.

 

  • LA MENTE INFORMADA CON TODAS LAS COSAS QUE DAN LA DIRECCIÓN DE LA OBRA, MUESTRA CLARAMENTE CON SU INTUICIÓN LO QUE HA DE HACERSE.

Por “mente” entiende el Maestro Arnaldo las potencias interiores y exteriores. Por “todas las cosas que dan la dirección de la obra”, entiende las señales tomadas de las cosas naturales, no naturales y contranaturales, principalmente los pronósticos. Así la mente informada de las cosas y causas de la enfermedad nos mostrará claramente su curación. Se dice que así lo aprendió Arnaldo de Vilanova del Maestro Avicena.

 

  • EL QUE CONOCE LAS NATURALEZAS DE LOS CUERPOS, LAS ESPECIES DE LAS ENFERMEDADES, LA VARIEDAD DE LAS CAUSAS Y EL VALOR DE LOS INSTRUMENTOS, CURARÁ RACIONALMENTE Y AYUDARÁ CON ARTE A LOS ENFERMOS.

Y así, el que conoce todas estas señales, curará racionalmente al partir primero de ellas; después pondrá la técnica y finalmente la cura. También en esta parábola se encierra el sentido común de la medicina hipocrática. Para ayudar a la Naturaleza en la tarea de curar a los enfermos es necesario saber cómo es y cómo funciona el cuerpo humano, qué es la enfermedad y qué especies morbosas existen, cuáles son las causas de las enfermedades y cuál es el valor de los diferentes medicamentos y otros remedios que podemos utilizar en el combate de las mismas. Sólo conociendo todo esto se podrá asistir eficazmente a los enfermos. Es por ello por lo que el médico necesita amar desinteresadamente a los enfermos y estudiar y amar la medicina.

Desde el punto de vista médico, todo lo demás será secundario y muchas veces sin valor y despreciable.

 

  • LAS PROPIEDADES INDIVIUALES DE LOS CUERPOS SANABLES, AUNQUE NO PUEDEN ESCRIBIRSE, ES MENESTER, SIN EMBARGO, QUE EL OPERARIO NO LAS IGNORE. POR LA IGNORANCIA DE LA NATURALEZA INDIVIDUAL SE IGNORA EL RÉGIMEN PROPIO DE CADA CUERPO.

Ya desde la época del famoso médico romano Galeno  se mencionaba la importancia de la forma, el origen, lugar, tiempo, patria y nombre, como propiedades individuales. Pues al ignorar la causa necesaria de algún efecto, se ignora el efecto mismo. Así, la propia naturaleza de cualquier individuo es causa necesaria para determinar el régimen o tratamiento que deba seguir. Aquí se hace resaltar el carácter primordial que para el médico tiene lo peculiar, característico, individual de cada enfermo. Es lo que se ha expresado en otras palabras diciendo que asistimos enfermos y no enfermedades.

 

  • CONVIENE QUE EL MÉDICO SEA EFICAZ EN LA OBRA, NO LOCUAZ, PORQUE LAS ENFERMEDADES NO SE EXPELEN CON VOCES, SINO POR LAS ESENCIAS O POR LAS FUERZAS DE LAS COSAS.

El médico debe ser eficaz, no hablador. Las enfermedades se curan con el régimen y con los remedios, no con los discursos. Sin embargo Arnaldo de Vilanova ha sido, tal vez, el primero en resaltar el efecto moral –curativo en muchos casos- de médico sobre los enfermos. Y este efecto se logra de muchas formas: una de las más eficaces es lo que eL médico habla con el enfermo a propósito de las dolencias de éste y de sus remedios.

Lo que Arnaldo de Vilanova combate es el charlatanismo, ese hablar constante de los médicos en alabanza propia y en exaltación de su talento y de sus aciertos clínicos; esos discursos que lanzan algunos médicos, no para sugestionar a los enfermos y predisponerlos anímicamente a la curación, sino para alucinarlos y deslumbrarlos, para que acudan con su dinero a aumentar la fastuosidad y opulencia con que viven algunos doctores.

 

2.- REGLAS DE ELEGIR Y PREPARAR LOS MÁS CONOCIDOS INSTRUMENTOS DE CURACIÓN.

 

  • EVITANDO LO NOCIVO Y USANDO COSAS QUE AYUDAN, PROSPERASEN LOS ENFERMOS LA OBRA DE LA CURACIÓN.

Según las doctrinas antiguas, la enfermedad era producida por la falta de armonía, por el desequilibrio humoral con predominio de uno de los cuatro humores –sangre, flema, bilis roja (o cólera) y bilis negra o atrabilis (melancolía)-. Este desequilibrio era curado por las fuerzas naturales. El médico no hacía otra cosa que ayudar a la Naturaleza, evitando lo nocivo y administrando cosas útiles.

No cabe duda alguna de que este modo de pensar, que se remonta como mínimo a los tiempos de los Asclepíades, ha sido muy conveniente, hasta tal punto que algunos científicos modernos de reconocida notoriedad han afirmado que la Humanidad ha seguido viviendo gracias a la prudencia y a las buenas costumbres en el uso del saber y del sentido común de los médicos hipocráticos.

La curación está constituida por dos obras: por la conservación de las cosas naturales y por la remoción (destrucción) de las cosas contra natura. Es decir, evitando lo nocivo y usando las cosas que ayudan y conservan lo natural a la vez que corrompen lo contranatural.

 

  • ANTES QUE SE CONOZCAN LAS ENFERMEDADES, SUS ESPECIES Y PRIMERAS CAUSAS, HA DE SER TRATADO EL ENFERMO CON COSAS TEMPLADAS O NEUTRAS. EL MÉDICO FIEL Y SABIO, CONOCIDAS LAS COSAS QUE SE HAN DE CONOCER, CON LA MAYOR PRONTITUD QUE PUEDA ATENDERÁ AL ENFERMO.

En tanto que no conozcamos a fondo las enfermedades, sus especies y las causas de las mismas, será una ciega y peligrosa temeridad querer tratarlas con remedios enérgicos y eficaces; lo prudente será recurrir a los remedios más suaves. Asimismo decían personajes como Galeno y Avicena: “Médico, es imposible que cures la enfermedad sino después que la conocieres. No podrás hacer una recta curación por los similares ni por los contrarios, si no conoces la enfermedad y su causa”.

La fidelidad del médico está en proporcionar al paciente lo que está obligado según su sabiduría y su fe que nace de Dios. Su sabiduría, además, debe precaver y no dañar cuando intenta socorrer.

Sintetizando estas palabras, elegidas con dificultad entre las de contenido moral y de ciencia médica en general, sin entrar en las técnicas particulares, podemos afirmar que según este médico, filósofo, astrólogo y alquimista que fue Arnaldo de Vilanova, primero hay que conocer lo que se debe conocer y después atender con cuanta rapidez se pueda al enfermo según sus características.

En nuestro eterno constatar las experiencias y las verdades que nos vienen de otros durante nuestra propia vida, que en parte dedicamos a la investigación, produce una satisfacción moral reencontrarse con uno de estos seres que, bogando en la tormenta de sus tiempo, supo responder tanto a la llamada de los que sufren como al reto de penetrar en los Misterios de la Naturaleza.

 

Antonio Alzina. (Medicina para el cuerpo y para el alma)