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El corazón sincero no teme la prueba de fuego.
Proverbio chino

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El árbol es uno de los símbolos más viejos de todas las Religiones. Está situado siempre en el centro (de la Ciudad Sagrada, del Paraíso, del Mundo, etc.) transformándose en un eje por el que fluirán las energías del cielo a la Tierra. Como contraparte de este árbol terrestre, existe un Árbol Celeste que tiene sus raíces en el Cielo y dirige su crecimiento hacia la Tierra (Árbol Cósmico) donde se entrecruzan las ramas de los dos árboles permitiendo un intercambio de energías entre el Cielo y la Tierra. El conocimiento de lo superior está ligado al árbol; esto explica el mito de la Biblia del Árbol del conocimiento del Bien y del Mal, situado en el centro del Paraíso Terrenal. También Budha, para recibir la iluminación, se sitúa debajo de un árbol (árbol Bodhi o del conocimiento). En los pueblos del norte de Europa existe una gran tradición por los árboles sagrados; así tenemos el Irminsul de los germanos, también denominado Himingbjorg; el Iggdrasil de los escandinavos. Entre los antiguos Mayas de Mesoamérica existe asimismo un árbol mítico que abre sus ramas en una forma de Tau egipcia; otras veces (como en el caso de la lápida del Templo de la “Bellas Inscripciones” de Palenque) aparece surgiendo del ombligo de un sacerdote que se encuentra colocado en posición ceremonial, surgiendo por la espalda las raíces. Los Celtas tenían a la encina como árbol sagrado; los escandinavos al fresno; el tilo para los germanos; la higuera en la India; y así, en multitud de pueblos, figura un árbol que reviste especial veneración. También existe una asociación entre los dioses de los diferentes panteones y algunos árboles: Atis y el abeto, Apolo y el laurel, Osiris y el cedro, Júpiter y la encina, etc. El árbol como símbolo de la vida –y en cierta forma de la redención- aparece asociado en las imágenes románicas a la cruz de Cristo (que según la tradición se colocó en el centro del Mundo en el mismo lugar donde estaba enterrado Adán, el primer hombre). En relación con la Alquimia, el árbol es la representación de la “Obra”. Existen dos árboles: uno con lunas (obra lunar o pequeño magisterio) y otro con soles (obra solar o gran magisterio). Los cuatro elementos están asociados, a cada parte del árbol: la Tierra a las raíces, el Agua al tronco, el Aire a las ramas y el Fuego a los frutos o a las flores. El árbol puede aparecer también con los símbolos de los siete planetas, siendo entonces representación de la materia primordial de la que surgen los siete metales. Existe un árbol que para la alquimia es el “árbol filosofal” y la acción de plantarlo es símbolo de la puesta en marcha de la imaginación creadora. El árbol puede aparecer igualmente con simbolismo astrológico, con doce frutos que representan los doce signos, las doce constelaciones, los doce meses del año, etc. En relación con la ciencia de la Numerología, encontramos el Árbol Cabalístico de los diez Sefirot que utiliza como ramas las 22 letras del alfabeto. Frecuentemente asociado al símbolo del árbol, existe otro viejo símbolo que es el de la serpiente. Para los pueblos de la antigüedad, la serpiente fue un transmisor del conocimiento (en la Biblia la vemos relacionada con el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal) Más tarde Moisés construirá una serpiente de bronce que sanaba a los heridos que la miraban (la serpiente como transmisora de energía, asociada a la serpiente Kundalini o energía dormida en el hombre). La serpiente también se encuentra unida al mito de la inmortalidad y a la doctrina de la reencarnación, ya que periódicamente cambia su piel vieja por otra nueva, en un rejuvenecimiento perpetuo. En Grecia, el dios Apolo venció a la serpiente Pitón y con su piel recubrió el trípode del Oráculo donde se situaba la sacerdotisa o Pitonisa para recibir la sabiduría de los dioses. En los pueblos de Mesoamérica se halla con frecuencia la asociación de serpiente-ave bajo la forma de serpiente emplumada, símbolo de los maestros transmisores del conocimiento. Cuando Budha medita debajo del árbol aparece una serpiente que le cubre y le protege para que alcance la Iluminación. La serpiente también puede adoptar un simbolismo cósmico y puede aparecer enroscada mordiendo su cola, o enrollada en espiral alrededor del árbol como representación de los ciclos de tiempo. La serpiente puede aparecer, en ocasiones, como símbolo de la materia inferior que dificulta la posibilidad de ascensión; tal es el caso de la serpiente Apap del Libro de los Muertos egipcio. En la alquimia la serpiente alada es el principio volátil, y la carente de alas el principio fijo. Si aparece crucificada, representa la fijación de lo volátil; puede estar asociada a Mercurio como elemento andrógino y figurar en el caduceo como símbolo de los dos principios que se equilibran por un eje central. Como podemos apreciar, dentro de la concepción religiosa los viejos símbolos se mezclan y nos trasmiten los conocimientos que encierran los viejos Misterios que al hombre de hoy le toca desvelar. A. Jiménez

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