En el Campo del Príncipe, antiguo Albunest y posteriormente Campo del Rey, encontraremos una imagen del Cristo de los Favores en piedra de Sierra Elvira –actualmente en 1999 en restauración-, que goza de una gran devoción entre los granadinos.

Realizado en 1640, por voto del vecindario de la cercana plaza del Realejo Alto, fue trasladado hasta este lugar donde hoy se encuentra en 1682. En las fechas de Semana Santa su entorno cobra una especial relevancia, no sólo por la religiosidad de la que goza a lo largo de todo el año, sino también por su ambiente cofrade, pues es lugar de reunión para el Sermón de las Siete Palabras que cada Viernes Santo a las tres de la tarde, ofrece el prelado del lugar, tras el cual es sitio de tránsito de la popular Cofradía de los Favores.

La imagen procesional del Cristo de los Favores, es obra a la que se concede destacada influencia en creaciones posteriores, incluso fuera de nuestra tierra, pues no en vano ha gozado siempre de gran devoción popular. Titular de la Venerable, Muy Antigua e Ilustre Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de la Paz y Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de los Favores y María Santísima de la Misericordia, la popular greñúa, que realiza estación de penitencia el Viernes Santo, recibe culto en la capilla del convento de Santa Catalina de Siena. Hasta la fecha de 22 diciembre de 1969, se encontraba en la iglesia parroquial de San Cecilio, en que por causa de un incendio fue trasladado a su actual enclave. Por fortuna, en este siniestro en el que desaparecieron importantes obras de arte, la talla del Crucificado de los Favores no fue alcanzada por el fuego, si bien el calor y el humo dejaron sus huellas en la policromía y en el soporte, ya de sí dañado por sus muchos años de existencia. Aunque ha planteado algunas dudas y se haya sin documentar, el Cristo de los Favores, ha sido atribuido por varios historiadores a Baltasar de Arce, artista relacionado con el círculo de Diego de Siloé.

 

Queda bastante por investigar para definir satisfactoriamente la biografía y personalidad artística de Baltasar de Arce; su presencia y actividad, trabajando tanto la piedra como la madera, está constatado en Granada en un breve período de tiempo que abarca desde aproximadamente 1558 hasta 1564, año de su fallecimiento. Sin embargo, no cabe duda alguna de su genial maestría, de la que es magnífico exponente esta obra del Cristo de los Favores, que ha gozado desde siempre de un gran fervor popular en toda Granada, pero muy especialmente en el barrio de los greñúos, San Cecilio.

 

El Cristo de los Favores efigia a Cristo muerto, sujeto a una cruz arbórea por tres clavos. Pendiendo los brazos, levemente arqueados, el cuerpo se desploma hacia delante al igual que la cabeza que gira a la derecha y cae sobre el torso, de potente anatomía. El cuerpo se desvía sin violencia en sentido contrario a la cabeza, y las rodillas se flexionan acusando el peso de un organismo inerme, configurando todo ello una composición de gran elegancia y equilibrio sutilmente compensado. En el rostro se logra una patética expresión de dolor que subraya con el marcado arqueamiento de las cejas, los ojos de mirada ciega y la boca entreabierta. Circunstancia históricamente definitoria de esta imagen en Granada, ha sido su presentación sin corona de espinas, “algo que lleva a pensar que es más humano si cabe”. Su policromía acentúa los verdes en el rostro y los ocres en las carnaciones del cuerpo. El sudario, dorado y estofado, se anuda a la derecha, cayendo con plegado riguroso que subraya su dibujo anatómico.

 

Debido al estado de deterioro que presentaba, acentuado por el incendio de 1969, fue restaurado en el año 1994, por la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, lo que le ha devuelto su maravilloso esplendor. Es obligado a todos que amen nuestra tierra y nuestras tradiciones, que vean el desfile de la Hermandad de los Favores en la madrugada del Sábado Santo, de regreso a su iglesia, en el momento en que la cofradía asciende acompañando a su Cristo y a su Virgen greñúa por la cuesta de San Cecilio, entre cantes de saeta y marchas procesionales. Uno de los instantes sublimes de nuestra Semana de Pasión que se repite afortunadamente año tras año.

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