Dicen los que saben de esto que “poleada” deriva de pollis, palabra latina que significa algo así como “flor de harina”. La poleada, por tanto, es la perfección de las gachas

Ingredientes:

250 g de harina de sémola o de maíz (o mezcla de ambas)
1 litro de agua.
1 chorizo de buena calidad y tamaño.
Un trozo de tocino entreverado o panceta.
Aceite, sal, pimentón dulce

Preparación:

Se preparan unas gachas de acuerdo con la receta base que se ofreció anteriormente.
En una sartén honda con aceite se hace un refrito con el tocino y el chorizo, picaditos finos; se aparta la sartén del fuego y con el aceite aún caliente (pero no en demasía) se colorea con pimentón. Se añade un poco de agua y da unos hervores hasta que la salsa resulte ligeramente espesita.
Se lleva a la mesa la sartén con las gachas (templadas, mejor que frías) y los comensales van comiendo de ellas a cucharadas que remojan en la salsa colorá.

Consejo:

Estas poleás son muy apropiadas para fechas de matanza, en días de invernía. Por la Alpujarra granadina las llaman gachas colorás.
Conviene ajustar las cantidades de poleá y de salsa colorá para que no falte ni de la una ni de la otra.

Sabía que...

Gachas, puches y poleadas son la misma cosa. Dicen los que saben de esto que “poleada” deriva de pollis, palabra latina que significa algo así como “flor de harina”. La poleada, por tanto, es la perfección de las gachas. Los andaluces dicen poleás, que es la apócope del castellano poleada. Ahora bien; hagamos nuestras las palabras de Post Thebussem cuando se preguntaba: ¿Por qué estimar las formas andaluzas de las palabras como errores prosódicos y no como formas definitivas de un dialecto que el tiempo perpetúa y consagra? En nosotros está la respuesta.

 

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